
BoletÃn FUNDACIÓN CAROLINA
El trabajo del cuidado en América Latina y España
El Centro de Estudios para América Latina y la Cooperación Internacional (CeALCI) de la Fundación Carolina organizó el pasado 6 de junio una jornada sobre “El trabajo del cuidado en América Latina y Españaâ€, en la sede de Caixa Forum en Madrid. Esta actividad estuvo bajo la dirección académica de Mª Angeles Durán, catedrática de SociologÃa y profesora de investigación del CSIC
 y contó con la participación de representantes de organismos internacionales, como la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Población (FNUP), asà como de centros de investigación de reconocido prestigio de América Latina y de España.
Durante el encuentro, se analizó cómo la coyuntura económica y las proyecciones demográficas plantean desafÃos para garantizar los cuidados en cantidad y calidad suficientes para la población dependiente en constante aumento respecto de la población activa.
Como ciudadanos, ¿cuál es la situación de los cuidadores y la de quienes necesitan cuidados?
Los cuidadores son sujetos con muchas obligaciones y pocos derechos. Quedan fuera de los derechos logrados por el resto de los ciudadanos y por los trabajadores asalariados.Encuanto a los que necesitan cuidados, nadie es tan
pobre como quien necesitándolos, no encuentra a nadie que se los proporcione gratis. La carencia de cuidados es la forma más grave de pobreza, y afecta sobre todo a niños, enfermos y ancianos.
¿Hay variaciones internacionales en la demanda de cuidado? ¿Qué diferencias
hay entre América Latina y Europa?
La cantidad de cuidado que una sociedad necesita depende en gran parte de su estructura demográfica.Actualmente,muchos paÃses de América Latina,Ãfrica y Asia viven una situación de “bono demográficoâ€. Su población dependiente se ha reducido y los recursos que antes se dedicaban al cuidado pueden edicarse a otras actividades como la formación, el empleo o el ocio. Sin embargo,
en otras muchas regiones se han alcanzado estructuras demográficas maduras, en las que la demanda por envejecimiento es alta.
Europa y casi todos los paÃses desarrollados necesitan cada año más cuidado y más cuidadores. España no es una excepción, el cuidado requiere recursos cada vez mayores.En 2011,cada persona de edad intermedia (entre
15 y 65 años) tiene que dedicar tanto tiempo a cuidar a otros como a cuidarse a sà mismo, pero para 2050 será el doble.A corto
y medio plazo,el mismo proceso se extenderá a América Latina, donde ya se aprecia en paÃses como Argentina, Chile, Uruguay y Cuba, y a grandes gigantes de la población mundial como China.
¿Cómo se refleja el cuidado en los indicadores de crecimiento y desarrollo?
Hay que cambiar la visión de qué es economÃa, desarrollo y progreso. No puede interpretarse el desarrollo principalmente en términos de PIB,porque los Sistemas de Cuentas Nacionales actuales sólo se refieren a las ercancÃas y no miden lo que les sucede a las personas. El cuidado, una actividad vital para las sociedades, resulta casi invisible para los instrumentos macroeconómicos en que se basan gran parte de las decisiones polÃticas.
¿Innovaciones en el cuidado? ¿Qué papel juegan las empresas y el Estado?
Cuidar es poco rentable para las empresas porque consume mucho tiempo y la producción en serie reduce la calidad.La tecnologÃa facilita las tareas de cuidado,sobre todo las preventivas y las de comunicación,pero no las abarata sensiblemente. A causa de la longevidad, tendremos que hacernos a la idea de que los años de fortaleza fÃsica incorporados al mercado laboral duran menos que los años en que gastamos lo producido durante ese perÃodo activo.Y sólo los empleos que producen mucha plusvalÃa permiten generar ahorro para financiar los años fuera del mercado.En el cuidado ofrecido por las empresas o el Estado sonnecesarias innovaciones organizativas para hacerlo accesible a grandes capas de la población.El desafÃo esta ahÃ, en encontrar el modo de que mucha gente pueda comprarlo y no en ofrecer servicios refinados que sólo estánal alcance de una pequeña minorÃa.La innovación tiene que
extenderse a los sistemas de seguros de dependencia, la cultura de la prevención y la autonomÃa personal y a lograr fórmulas mixtas eficaces de participación de las Administraciones Públicas,las familias y el voluntariado.
¿Cómo se distribuye hoy el cuidado?
¿Existe desequilibrio?
Rotundamente,sÃ.La distribución del cuidado es pésima en términos de equidad. Son las mujeres y los sectores de menor nivel socioeconómico, entre los que abundan los inmigrantes, quienes se hacen cargo del cuidado,
especialmente del no remunerado. El modelo tradicional de reparto del trabajo está caduco, es incompatible con la longevidad,la incorporación de las mujeres a la vida social y los ideales democráticos. Por eso es urgente aunar esfuerzos para buscar soluciones, aunque no sea sencillo encontrarlas. A todos nos tocará en algún momento necesitar cuidados,y nadie está exento del derecho y el deber de hacerlo.
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